Tormenta de verano
La noche se aqueda
el viento se detiene
el aire se electriza.
De lejos se oye
una tamborrada queda
destellos de luz
siluetean el horizonte
y, de pronto
el cielo se abre
y el agua
empieza a caer
tranquila, sosegada,
pero poco a poco
va cogiendo ritmo
y se convierte
en torrente impetuoso
las gotas golpean
ya con fuerza
la tierra ávida.
El céfiro se enfurece
y ráfagas de viento
azotan la arboleda
y el agua se desborda
anegando la tierra yerma
mientras un pandemonio
de luces destellan
sobre las tinieblas
el cielo cae
sobre el suelo
con estruendo
y cuando parece
que no habrá un mañana
el viento se aquieta
la luminaria se desvanece
el agua se retira
para mojar otros parajes
la calma se restaura
quedando un aroma
de tierra mojada
y el olor de las flores
mancilladas por el agua
la tormenta deja paso
a la noche clara
y las estrellas
relevan a los rayos
y centellas
y todo, incluso
el ánima atribulada
vuelve a su ser

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